31 de mayo, martes, 17:30. Una llamada telefónica de una chica
con voz suave y melosa. Dije para mí: ¡Ya me quieren vender un colchón
maravilloso y unos cojines para la tercera edad! Y yo, mientras escucho, me voy
inventando un rollo para quitarme del lío.
Pero ¡sorpresa! La
voz suave y melosa que pregunta por María Angustias Gil resuelta ser la de
Blanca, la hija de Pilar Gil, que me informa del festejo que en secreto le
están preparando sus antiguos alumnos de Marchena.
Me encanta después
de 40 años recordar el Instituto Isidro Arcenegui y a sus gentes. Con Pilar Gil
he tenido algunos contactos, aunque muy espaciados en el tiempo; pero sabemos
la una de la otra.
Y además, como recuerdos de mis cursos viviendo con Pilar, guardo con especial aprecio un cabecero de cama diseñado por ella, de hierro azul, precioso, un pijama y dos agarradores de cocina muy originales.
Ella era genial. Tenía
una creatividad sorprendente. Recuerdo que una tarde lluviosa y sin tareas
educativas, en media hora me hizo un pijama de estilo japonés y me quedé estupefacta.
Cómo se puede diseñar, comprar la tela, cortarla y coserla… y en un dos por
tres… ¡pijama hecho! Las cosas de Pilar Gil. Nunca había conocido una apersona
de mente tan rápida, que se le ocurre hacer algo y en cinco minutos está en la
tarea y además acaba pronto y con toda eficacia. Igual era en la cocina o
haciendo un jersey o una bufanda. ¡Qué desenvoltura!
Tengo muy buenos recuerdos
de emociones compartidas, de su amabilidad y cariño; y de su generosidad en
pedirme que viviera en su casa sin contrapartida alguna.
Estuve en Marchena
cuatro cursos y conocí a mucha gente amable y cariñosa. Me sentí muy bien allí y
eso que llegué no de buena gana. Ya recordaremos el sábado 18 más cositas.
Muchas gracias por
acordaros de mí para esto.
Besos de Angus.



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